viernes, 30 de octubre de 2009

Chile es uno de los países que más discrimina a la mujer


Chile ocupa el lugar número 48 de una evaluación de 58 países respecto a la brecha de oportunidades entre hombres y mujeres en los ámbitos de la educación, participación política y económica, oportunidades laborales, salud y bienestar, según un informe del Foro Económico Mundial en Londres.

De los 58 países estudiados en este informe pionero, nueve son latinoamericanos: Costa Rica, que ocupa el lugar 18, Colombia (30), Uruguay (32), Argentina (35), Perú (47), Chile (48), Venezuela (49), Brasil (51) y México (52).

El autor del estudio, Augusto López-Claros, economista jefe del Foro, afirmó que existen áreas comunes en América Latina como la desigualdad de oportunidades laborales, que hace que "a igualdad de educación y de talento, las mujeres reciban sueldos muy inferiores" a los varones.

El continente posee además "niveles muy bajos de participación parlamentaria", dijo López Claros, para quien una de las tareas urgentes es dar "nuevas prioridades" al gasto público.

"Buena parte del presupuesto se va además a pagar el servicio de la deuda del ejercicio anterior, con lo que los gobiernos no pueden invertir en salud pública y educación lo que sería necesario", agregó.

Chile ocupa un lugar muy bajo, con el número 48 en la clasificación general, y según Zahidi, se debe sobre todo a que nuestro país está muy rezagado en cuanto a participación económica y política de la mujer (puestos 52 y 44 respectivamente), mientras que en educación ocupa el puesto 40 y en salud el 45.

López-Claros, destacó que haya por primera vez dos mujeres candidatas a la Presidencia de Chile, del mismo modo que refiriéndose a España, elogió que el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, hubiera nombrado ministros a igual número de mujeres que de hombres.

"Las mujeres tienen distintas prioridades que los hombres a la hora de adjudicar los recursos de un país", explicó el economista del Foro Económico Mundial.

Según López-Claros no puede echarse la culpa siempre a los organismos multilaterales como el Fondo Monetario Internacional o al Banco Mundial del empleo del dinero de un gobierno, porque muchas veces lo deciden los propios ejecutivos integrados sólo por varones.

Colombia, Uruguay y Argentina ocupan posiciones intermedias en la clasificación. Colombia (30 en la general) puntúa bien en educación -hace el número 13 de la lista- y participación política (15), pero mal en participación y oportunidades económicas (41 y 38, respectivamente) y aún peor en salud (52).

Uruguay (32) figura incluso segundo, después de Suecia, en educación, pero ocupa el lugar antepenúltimo (56) en salud, el 36 tanto en participación política como económicas, y el 26 en oportunidades económicas.

Algo similar ocurre con Argentina (35), que es el número tres en educación, por delante incluso de los otros escandinavos, pero está en el 54 en salud, en el 55 en participación económica, en el 29 en oportunidades económicas y en el 26 en participación política.

Perú (47) ocupa el puesto 50 en participación económica, el 47 en educación, el 44 en oportunidades económicas, el 38 en participación política y el 31 en salud.

Venezuela (49), por el contrario, anda mal en salud (58), figura en un lugar respetable (13) en oportunidades económicas para la mujer, aunque no así en participación económica (38) y menos aún en participación política (52) mientras que educación ocupa un lugar intermedio (33).

El estudio sitúa a cinco países escandinavos - Suecia, Noruega, Islandia, Dinamarca y Finlandia- en los cinco primeros lugares y como ejemplos a seguir por el resto de países, aunque ni siquiera en ellos se consiguió cerrar totalmente la distancia entre los sexos.

jueves, 29 de octubre de 2009

El acceso de la mujer a la política


El acceso de la mujer a la política comenzó a finales del siglo XIX, cuando las mujeres ganaron la batalla por el derecho al voto, aunque en algunos estados la aprobación del voto femenino no llegó hasta mediados del siglo XX.
La igualdad de oportunidades para las mujeres pasa por la participación y representación en los puestos de toma de decisiones. Pero sabemos que las mujeres no intervienen en las decisiones políticas ni acceden a cargos de poder en la misma forma que los hombres.
Cuántas veces hemos oído la expresión: "Detrás de cada hombre ilustre hay una mujer brillante". A pesar de que se trata de una frase cuyo fin es sublimar el papel de la mujer, no debemos pasar por alto que dice "detrás", es decir, las mujeres se encuentran por detrás de los hombres y se perpetúa la situación de discriminación. Así que pasamos de la subordinación de estar "bajo" las órdenes de lo masculino a permanecer "detrás" del hombre, en un modesto segundo puesto.
Hay que señalar que la participación femenina en política se ha incrementado, pero continúa siendo desproporcionadamente baja. Seguimos a merced de decisiones políticas tomadas por una mayoría de hombres, ya que, tristemente, la representación de las mujeres en los cargos políticos es hoy muy escasa. Prueba de ello es el reducido 25 % de participación política de la población femenina europea. En África, Asia y Sudamérica la intervención de las mujeres es prácticamente inexistente.
Si el principio de no discriminación es uno de los pilares de los derechos de la persona ¿por qué en materia política se produce tal discriminación?. Es probable que existan barreras socioculturales fuertes sujetas a condicionamientos históricos. Los prejuicios y estereotipos que arrastra la sociedad de épocas anteriores asignan a las mujeres responsabilidades entendidas como femeninas.
Así pues, el cuidado del hogar y de los hijos son las actividades que nos "corresponden", ocupaciones totalmente alejadas de cualquier ambición política. A ello hay que sumar la constante sub-representación de las mujeres en la sociedad y la violencia cotidiana de la que somos víctimas, estados que vienen a agravar la situación.
Diversas instituciones nacionales e internacionales, como la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer de 1979, se han preocupado por conferir mayor apoyo institucional a las mujeres con el objetivo de compensar los efectos de la exclusión en la participación.
La democracia es un valor fundamental de los estados que requiere una participación y una representación igual de los ciudadanos de ambos sexos en la toma de decisiones, en la economía y en la vida social, cultural y civil. En este sentido, las mujeres todavía tenemos un largo camino por recorrer. La sociedad debe desprenderse de los roles discriminatorios que todavía subyacen en ella y adoptar medidas que favorezcan la participación política de las mujeres, tales como:
• Equiparar las decisiones políticas a las condiciones sociales con el fin de que ambos ámbitos se correspondan a la realidad y no entren en contradicción.
• Alentar la creación de redes de colaboración entre mujeres que ocupan cargos de responsabilidad política.
• Aumentar la cuota mínima de candidatura femenina para promover un incremento de la participación femenina en los cargos electivos.